Un día, tomé la decisión de, como muestra de mi eterno y estable amor, darle mi virginidad y fue especial. Obvio, no puedo decir que el tipo fue la locura en la cama, porque quién a la primera. Pero yo moría de amor; me sentía tan nerviosa pero decidida. Lo hicimos en la sala de mi casa a la madrugada, con mis abuelas en la casa, mi mamá y mis hermanos… —obvio, a las 2:00 a.m. y todos dormían— aún me pregunto cómo carajos no nos descubrieron. Fue una muestra de amor, pero ahora pienso, no sé por qué crecemos en una sociedad donde debemos demostrar, debemos luchar, debemos, debemos, debemos y, a la final, cuando envejeces es que te das cuenta que no “debemos” nada; debemos es vivir, solo eso. Pero sin desviarme, al otro día se fue. Me levanté con la sensación de que no estaba; yo, con el ojo hinchado…