Yo no tenía pensado quedarme a vivir aquí, jamás lo planeé, incluso, mi mama y papi me insistían desde años atrás, pero como les comenté en capítulos pasados, ni siquiera había hecho el esfuerzo de solicitar la Visa de turista, porque a Alán no le gustaba para nada, así que no era prioridad para mí; sin embargo, para ese momento, yo solo había planeado quedarme dos meses, y según lo que teníamos organizado con Will, en julio de ese mismo año, nos veríamos en mayo, en México, para el matrimonio de su hermano mayor, y luego él viajaría a Colombia para el verano al menos por una semana, y ya después vendría yo de nuevo a Orlando para diciembre, entonces podríamos “sobrellevar” la relación que hasta ahora estaba empezando. Sí, teníamos planes a mediano plazo, pero eran más bien planes, intentando conocernos más pese a la distancia; yo no me había acostado con él aún, y debo reconocer que él tampoco mostraba prioridad en eso, pero pues beso va, beso viene, claramente que sí!

Pero, a pesar de nuestros planes, yo seguía algo “incrédula” pero ni siquiera era porque hubiese algo malo con Will, más bien era por una cuestión de merecimiento. Había llegado un hombre a mi vida que si reviso mi año anterior, era lo que yo estaba pidiendo, aunque me faltaron ciertos detalles, de los cuales hablaremos más adelante, la realidad es que yo había pedido que cuando yo estuviera lista, quería un hombre que me amara, que quisiera construir una familia, que amara a mi hija como si fuera de él, que entendiera quien es Helenita en mi vida y que aceptara que parte de mi propósito es cuidar de ella; y así fue, Will tenía exactamente todo lo anterior y aun así, yo seguía dudando, lo que me hace pensar, que si bien era una experiencia de la que no me libraría, también el miedo estaba apoderándose de mí, porque mi cerebro no estaba bien entrenado, por lo tanto, estaba predispuesta, esperando todo lo malo.

Todo iba bien, el inglés en mí estaba fluyendo poco a poco, mi hija estaba en la escuela muy contenta y hablando ingles (a diferencia de mí) como una lorita mojada, tenía a mis hermanos cerca, mis papás, estaba trabajando, ahorrando, y mis noches estaban dedicadas a planes familiares y compartiendo con Will, ¿que podía salir mal?.

Hay que tener cuidado cuando nos hacemos esa pregunta, porque efectivamente, siempre puede ser peor, lo que pasa es que no estamos entrenados para ver el vaso medio lleno y si medio vacío. Yo tenía mis tiquetes comprados para regresar a Colombia el 26 de enero, pero, mi hermana necesitaba ayuda para un nuevo trabajo que duraría un mes y medio más, lo que significaba para mí, más dinero, era una buena oportunidad porque prácticamente llegaría a Colombia sin necesidad de trabajar mucho, porque con el dinero que estaba ahorrando, podría vivir unos cuantos meses más tranquila, entonces decidí llamar a Alán para contarle todo esto y que estuviera tranquilo, que efectivamente Ana estaba bien, estaba en la escuela, aprendiendo mucho inglés y que regresaríamos pronto. Tal vez, no fue la decisión más justa, pero así como Alán estaba pensando en él y veía a la niña cada quince días, mientras estábamos viviendo en el conjunto de apartamentos al lado del suyo, y aun así, no era mucho el tiempo que le dedicaba, según él porque tenía mucho trabajo, yo también quería pensar en mí. Honestamente con la noticia, Alán no se mostró muy conforme con que alargáramos la estadía en Orlando, y a pesar de que por teléfono, me dijo que no estaba de acuerdo, me dijo que entendía, que a la final si yo estaba bien la niña también; me clavo la puñalada como menos lo esperé.

Semanas después de mi conversación con él, yo seguía enviándole vía WhatsApp todo lo que Ana hacía en el día a día, lo que comía, los lugares donde íbamos, las tareas que hacía en clase; pero al parecer nada de eso era suficiente para él y un correo electrónico cambio el curso de las cosas aquí. El consulado de Colombia en Orlando, me contactó, notificándome que el papá de mi hija, había ido a la cancillería de Colombia, para denunciar que no solo yo estaba trabajando aquí sin documentos, sino que también había secuestrado a mi hija para alejarlo de él, entonces que lo que me recomendaban antes de que la situación terminara peor, era llegar a un acuerdo con él. Yo no sabía si reírme o llorar, no sabía si mejor contarme la historia de que él no estaba actuando desde la rabia, sino desde el dolor de no tener a su hija cerca, pero, ¿esta era la manera, cuando ambos sabíamos que yo no sólo estaba buscando un mejor futuro para mí, sino en un 500% todo esto era para ella? ¿Acaso me hace ser una mala mamá querer más y no conformarme con lo que tenía? No estoy diciendo con esto que yo estaba pasando necesidades en Colombia, sería desagradecida si dijera eso, yo vivía relativamente bien, pero a diferencia de mí, Ana está iniciando su vida, y no se compara las oportunidades que puede tener un niño en países más grandes y más avanzados sin desmeritar mi país, claro está.

Sin embargo, yo asumí todo lo que estaba pasando, agaché mi cabeza y le di la razón, le dije que yo volvería, que llegáramos a algún acuerdo, pero no fue muy positiva su respuesta, pues seguía insistiendo que tenía solo una semana para regresar a Colombia con la niña o que sino, llevaría esta situación hasta las últimas consecuencias. El problema a la final no era regresar, el problema en sí, era que mi Visa ya tenía un “condicional” gracias al dichoso reporte de intento de secuestro por parte de mi amado exmarido, y fue cuando hablé con un abogado quién me advirtió dos cosas importantes y que dejaron a Will más pensativo de lo que ya estaba, la primera, era que lo más seguro, era que tuviera problemas con migración para entrar, y segundo, que al salir de Colombia no tendría mucha suerte con el permiso de la salida de Ana la próxima vez, porque Alán ni por el mismo putas volvería a darme ese documento, pero tenía un enemigo imparable en mi contra, el tiempo; como Colombiano tienes en teoría, “permiso” para estar aquí por 6 meses, y en ese ir y venir, entre abogados, peleas, discusiones, tiradas de teléfono y demás, ya estábamos casi terminando el cuarto mes; pero la reacción tan determinante de Will fue lo que más me impactó, fue ahí dónde comprobé la teoría de que cuando un hombre quiere, simplemente lo hace, lo demás, son buenas excusas; así que fue ahí cuando entendí, que no podía seguir esperando por Alán, que solo estaba en mis manos cerrar ese libro, ahora mi presente era Will, y que era él, quien estaría dispuesto hacer lo necesario para estar conmigo.

_

Mia.

Autor

Escribir un comentario