Cuando estaba en quinto semestre, había logrado conseguir mi primer trabajo donde podía aplicar todos los conocimientos de mi carrera, la felicidad y emoción no me cabían en el pecho; la agencia no era la más grande y el sueldo no era el mejor de todos, pero a quién le importaba eso, si con eso podía cubrir varios gastos y además aprender y aprender… no eran horarios fáciles y mis compañeros tampoco -sólo pensaban en rumbiar- y yo haciéndome la difícil; ponía como excusa la Universidad pero llegó un punto que definitivamente mi cuerpo no aguanto más y era elegir entre estudiar o conservar mi trabajo y rumbiar, así que como buena adolescente inmadura, elegí la segunda! Tomé la bruta decisión de aplazar el semestre con el buen “pajazo mental” que ahorraría, cambiaría de trabajo y tendría más tiempo y más tranquilidad para estudiar (no tengo nada que decir al respeto, se…