A partir de mis 16 años algo empezó a cambiar, ya no se veía la vida tan color de rosa como antes, mi mal genio era una constante y ni hablar de cuántas veces al mes no podía controlar el llanto. Cuando conocí a Alán, – a los 15 recién cumplidos – mi autoestima estaba por el piso porque era tan flaca que ni los zapatos me hormaban y mi combo de amigas de la época eran lo contrario, todo se les veía sencillamente espectacular, lo cual aumentaba potencialmente mi inseguridad. Y aunque me avergüence, debo reconocer que Alán fue un impulso grande para mi, porque mi inicio en la relación con él, sumado a que mi grupo de amigas y yo teníamos cada fin de semana invitaciones a fiestas en casa – las mejores – me ayudaron a confiar un poco más en mí. Luego los chicos, empezaron a…