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Mia

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Cuando era adolescente, era tan flaca que ustedes no tienen idea a todo el “bulling” al que me enfrente – que momentos gloriosos esos, que comía lo que fuera y jamás se notaba, ahora me como una inofensiva hamburguesa y quedo con barriga de conductor – y hasta noveno grado estuve en un colegio en el cual yo era una de las más pequeñas en edad, entonces la cosa era más pesada aún. Nos cambiamos de barrio y con eso llegó el cambio de colegio al cuál llegué con las uñas listas para defenderme, me decían “A” y yo decía “ABC” todos me caían mal, menos mi director de curso que estaba más bueno que el pan…. Ok, sin desviarme. Ahí, en medio de una Mia a la defensiva y chicas que querían hacerme el buen ambiente, conocí a Giovanny. Si hablo como una rata de ser humano podría decir…

A partir de mis 16 años algo empezó a cambiar, ya no se veía la vida tan color de rosa como antes, mi mal genio era una constante y ni hablar de cuántas veces al mes no podía controlar el llanto. Cuando conocí a Alán, – a los 15 recién cumplidos – mi autoestima estaba por el piso porque era tan flaca que ni los zapatos me hormaban y mi combo de amigas de la época eran lo contrario, todo se les veía sencillamente espectacular, lo cual aumentaba potencialmente mi inseguridad. Y aunque me avergüence, debo reconocer que Alán fue un impulso grande para mi, porque mi inicio en la relación con él, sumado a que mi grupo de amigas y yo teníamos cada fin de semana invitaciones a fiestas en casa – las mejores – me ayudaron a confiar un poco más en mí. Luego los chicos, empezaron a…

Cuando estaba en quinto semestre, había logrado conseguir mi primer trabajo donde podía aplicar todos los conocimientos de mi carrera, la felicidad y emoción no me cabían en el pecho; la agencia no era la más grande y el sueldo no era el mejor de todos, pero a quién le importaba eso, si con eso podía cubrir varios gastos y además aprender y aprender… no eran horarios fáciles y mis compañeros tampoco -sólo pensaban en rumbiar- y yo haciéndome la difícil; ponía como excusa la Universidad pero llegó un punto que definitivamente mi cuerpo no aguanto más y era elegir entre estudiar o conservar mi trabajo y rumbiar, así que como buena adolescente inmadura, elegí la segunda! Tomé la bruta decisión de aplazar el semestre con el buen “pajazo mental” que ahorraría, cambiaría de trabajo y tendría más tiempo y más tranquilidad para estudiar (no tengo nada que decir al respeto, se…

Conocí a Mauricio por medio de Alán, ellos estudiaban juntos y desde ese día, él siempre ha estado presente en mi vida. Conoce mis tristezas, alegrías, planes a futuro, desamores, en mi divorcio estuvo presente con mensajes y llamadas; y mas allá de convertirse en uno de los seres más importantes de mi vida, una realidad, es el deseo mutuo que nos tenemos, que no pasó más allá de un par de besos y que se convirtió en un deseo interminable. Él me parece hermoso, no solo físicamente, sino es uno de los manes más inteligentes que he conocido, puedes hablar con el de cualquier cosa, come tanto libro que da miedo; es responsable con su familia, a pesar de que vive fuera del país, maravilloso hijo, hermano, tío y amigo… Entonces se preguntaran – y por qué no estoy con él, si es tan maravilloso?- porque como pareja es…

Johanna y yo hemos sido amigas desde sexto grado, podría decir que ella ha sido mi alma gemela porque pueden pasar millones de años sin hablar, de repente nos vemos y boommm, todo es como si nos hubiésemos visto el día anterior. Tengo tanta conexión con ella aún después de 20 años de amistad, que en muchas ocasiones no necesito hablar para que ella sepa lo que estoy sintiendo o lo que estoy pensando. Juemadre, ella conoce mi estado de ánimo hasta en un mensaje de texto. Somos almas gemelas, aunque ella aun sigue estrellándose en el amor sin que nada la detenga, no sé si aún le falta más experiencias por vivir, si es bruta de nacimiento o simplemente el amor no es lo de ella. Me entere en medio de una mezcla explosiva de cerveza, aguardiente y ron (bendito mi hígado) que un vecino que le triplicaba la…

Este es el momento en que me pregunto si la vida fue mala o buena conmigo en esa época, porque después de que Alan se fue, yo no tuve mucho tiempo para tirarme a cama, tenía que trabajar mucho porque ahora los gastos eran solo mi responsabilidad, Ana y Helenita -como le digo de cariño a mi abuela- solo me tenían a mi y a todo eso tenía que sumarle que la mayoría de mis amigas estaban igual o peor que yo. Alejandra es una chica independiente, maneja su tiempo a su antojo y le va muy bien, vive en una casa hermosa, divorciada, porque dio con un tipo que la confundía los fines de semana con un balón de fútbol, de esa relación quedó su único hijo; cero afortunada en el amor y con mucho miedo a la soledad, lo cual no es una buena combinación, pero había conocido…

Pasaban los días en la agencia, con altas y bajas después de la supuesta renuncia voluntaria de Alan, días en los que me levantaba muy temprano con ganas de vivir mi soltería, con ganas de maquillarme, vestirme sexy y sentirme como nueva, como también habían días en que me bañaba por obligación y mi cabello no sabía que era un cepillo, pero si me tiraba a cama, el dinero llegaría del cielo? Así que sacaba mis fuerzas del último cajón y seguía con lo que se llamaba vida – por lo menos, laboral- Omar y yo nos volvimos muy cercanos, tomábamos los breaks juntos, hablábamos por chat casi todo el día, él desde su oficina y yo en la mia, tomábamos tinto y nos atrasábamos en el trabajo por estar hablando de nuestra vida, divorcios en común, su nueva relación y su hijo de meses de nacido, problemas, gustos, vida…

Verónica tenía mucho trabajo y yo, desempleada, con hija y madre a bordo, más miles de facturas por pagar, después de seis horrorosos meses, de autoestima por el piso, de vergüenza al salir a la calle y más en ese pueblo de mierda al cuál nos llevó a vivir Alan por recomendación de su fastidiosa madre. Pero, después de todo el mierdero, me había quedado en la calle, así que no me podía dar el lujo de gastar dinero diario en transporte para ir y volver del pueblo a la ciudad cinco días a la semana. Así que decidí vivir en la ciudad con Verónica desde los lunes en la mañana hasta los viernes por la tarde; trabajábamos con la agencia digital (que ella aún tiene) y era la oportunidad perfecta para hacer dinero; tener una amiga cerca con la cual poder llorar, reír, rutina de ejercicios, comer sano y,…

Como editora en jefe, todos los lunes a las 10 a.m. teníamos reunión para organizar cronograma de actividades de la semana, entregas importantes, revisión de contenidos, prioridades, clasificábamos por logros y debilidades. Pero ese lunes, que parecía tan normal, terminó en uno de los días más dolorosos para mí. La última columna que estaba sosteniendo mi castillo se venía abajo cuando diez minutos antes de entrar a mi reunión semanal, recibí un e-mail donde una chica, amable pero sarcástica, me decía que no sufriera más, que abriera los ojos porque mi esposo no era lo que yo creía y que ella se atrevía a escribirme porque quería saber finalmente nuestra fecha de divorcio porque, desde hace seis meses, era yo la que sobraba; el correo tenía adjunta una foto de ella y Alan besándose. Todo se me vino abajo, lloré en mi oficina, grité, pero luego respiré y subí a…

Y es que no sé y no logro entender por qué cuando estamos en una relación dejamos de ser nosotras mismas, ¿por qué tenemos que alejarnos de nuestras amistades valiosas, de tener un día para nosotras, para hacernos mascarillas caseras, depilarnos y quedar solo con pelo en la cabeza, cejas y pestañas?, ¿por qué, si amábamos ir a al gym o ver películas y estar en pijama, lo olvidamos todo para adaptarnos al estilo de vida de ellos? Duré varios meses sin trabajar y, cuando Ana cumplió siete meses, me llamaron de una empresa automotriz para el Departamento de Mercadeo, y allí conocí a mi jefa directa y gran amiga en el presente: Margarita. Debo reconocer que no podía con ella, pero mucho menos con su novio del momento: un tipo (sí, apuesto) director de mercadeo de una prestigiosa marca de ropa y zapatos a nivel mundial, entonces era lo…