Vengo de una familia donde la figura paterna brilló por su ausencia. Fui criada por mi bisabuela y mi abuela materna. Mi bisabuela, a pesar de la época, fue una chica rebelde y jamás se dejó “pisotear” por un hombre. Se enamoró muy joven de un señor a quién solo ví una vez en mi vida ya casi moribundo, pero él jamás estuvo presente en la vida de Helenita, mi bisabuela nunca le pidió nada para su hija, y este señor por su parte, jamás se interesó por tener una paternidad responsable y activa con ella. Después de un par de años, mi bisabuela se enamoró de otro señor, con el que tuvo su segundo y único hijo varón, con él, sí construyeron una familia y fue ese señor quién se convirtió en una figura paterna para Helenita; pero la “luna de miel” no duró mucho, porque a pesar de ser una persona completamente responsable, amoroso y demás, le encantaba beber y en una de sus borracheras, llegó a casa bastante tarde, mi bisabuela le reclamó y el príncipe se convirtió en sapo y le dió una “leve” cachetada. Independientemente de que en la época era más común este tipo de situaciones y un divorcio era el fin del mundo, mi bisabuela esperó al siguiente día que este señor se fuera a trabajar y detrás de él, salió ella con sus dos hijos pequeños y una maleta pequeña con lo básico de ropa, tomando el primer bus que encontró para otra ciudad y con toda la decisión de volver a empezar, pero con la firmeza de que jamás la volvería a tocar. Mi hermosa viejita, abandonó este plano terrenal a los 87 años y completamente soltera y 0 dependiente emocionalmente hablando.

Helenita (a quién le dedicaré un capítulo muy pronto porque tiene una historia de amor increíble) no tuvo una figura paterna y eligió incorrectamente al padre de su única hija, quién también brilló por su ausencia – al igual que su padre -. Mi mamá (natural, no Helenita), se casó con mi papá y el amor duró aproximadamente 5 años, cuando yo tenía un año, ella decía apostarle a su “felicidad” e irse con otro señor y mi papá, se separó no solo de ella, sino de mi también. Muy pocas veces compartí con él, son pocos los recuerdos que tengo de él, así que fue muy poco lo que logré conocerlo porque ya no está en este plano, pero Helenita siempre me ha dicho que él era: muy bromista, buen estudiante, respetuoso, aseado, poco pro activo laboralmente hablando, pero responsable con las funciones que le colocaran, quería solo tener hijas, no hijos y efectivamente tuvo dos, pero de diferente mamá, es decir, mi hermana menor que no me quiere ni en pintura, y yo!. Pero puedes estar pensando “¿qué tiene que ver toda la vida cronológica de esta vieja con el capítulo?”, aquí entenderás mi aprendizaje y conclusión del por qué todos los seres humanos sin importar mujer u hombre deberíamos sanar a nuestro niñx interior y sobre todo, sanar las relaciones con nuestros padres incluso si ya no están.

Cuando conocí a Alan, él también fue criado por su mamá y su abuela materna, y para mi, era el hombre más maravilloso de la vida; hablábamos muchísimo de casarnos, tener hijos, bla bla bla, – todo lo que ya sabemos – y siempre estuvimos muy “claros” de darle a nuestros hijos la familia constituida y sólida que nosotros no tuvimos. ¿Qué cosas me enamoraron de Alan y me impulsaron a tomar la decisión de construir un futuro con él? Que él era muy bromista, buen estudiante, respetuoso, aseado, poco pro activo laboralmente hablando, pero responsable con las funciones que le colocaran, quería solo tener hijas, no hijos, amoroso y sobre todo dedicado. ¿Qué pasó? ¿Sientes que repetí lo mismo que escribí arriba por error mientras describía a mi papá? NO! no fue un error. Incluso sin haber tenido una relación padre/hija con mi progenitor, elegí una persona que era casi exacto a él, ¿por qué? porque eso quedó en mi subconsciente y porque jamás me dispuse a cortar con mis raíces ancestrales y sobre todo no entendía que era justo y necesario conocer mi historia y sanar la relación con mi padre, así fuera una relación de ausencia.

Y entendí todo esto después de un trabajo interno extenso entendiendo que los resultados que yo generaba no eran lo que yo quería y que no importaba lo que hiciera, nada cambiaba. Definitivamente mi divorcio con Alan, cambió mi vida y hoy, a eso que me causó tanto dolor, que me destruyó en mil pedazos, solo le digo GRACIAS, porque si hubiese sido así, yo seguiría tal vez igual o de pa’ tras. Pero lo que quiero contarte a ti que me lees, es la manera como esta historia con Alan está en el presente.

Hace ya casi 5 años, vine a vivir a EE.UU. y obviamente traje a Ana conmigo, el primer año, yo fui muy constante con la comunicación con Alan, teniéndolo al tanto de todo lo que pasaba con Ana, su nueva escuela, su nueva maestra, como iba con el idioma, sus tareas, su primer día en Disney, con todo; y él y yo teníamos una relación muy buena, basada en el respeto y enfocada en Ana y su bienestar. Luego yo me casé, unos meses después quedé embarazada de mi segundo hijo pero yo seguía poniendo de mi parte, para mantener al tanto a Alan de la vida de Ana y si bien, él no era igual de constante, yo seguía firme, entendiendo que el papá de Ana no era mi actual esposo, sino Alan y que la relación de ellos debía ser la mejor. Cuando estaba yo en el último trimestre de mi segundo embarazo,  yo empecé a notar que la constancia y presencia de Alan en llamadas y mensajes iban disminuyendo notablemente y al enfrentarlo, su justificación al principio era la falta de Internet, tiempo, robo del celular entre otras, pero fue tanta mi cantaleta que me confesó que estaba enamorado y que en esa nueva etapa de su vida, él no podía ofrecerle a Ana la relación y la vida que yo quería para ella (partiendo de que su responsabilidad económica pasada a dolares era igual a $100USD mensuales).

Y de ahí hasta ahora él a brillado por su ausencia, sus llamadas fueron tan intermitentes que Ana de la noche a la mañana ya no era la niña pequeña a la que le podíamos contar cuentos para disimular su ausencia y fue ella quien me pidió que no la obligara a hablar más con él, claramente, él me culpa a mi, pero yo tengo mi conciencia tan tranquila, que puedo vivir con su odio, no es mi culpa que él no tenga la capacidad de asumir las consecuencias de sus actos, pero a donde quiero llegar, es que no solo Ana dejó de contar con la presencia de su padre biológico, sino que Alan se casó de nuevo, su esposa le prohibió hablar conmigo para tener noticias de su hija y tuvieron una hija con la que pretende día a día reemplazar a Ana.

¿A qué se les parece? Mi papá también se desentendió de mi, culpando a Helenita de no poder tener una relación conmigo, se casó de nuevo, tuvo una hija y no hizo ni el mínimo esfuerzo para estar presente en mi vida; y mientras escribo, no sé si sonreír de la ironía o llorar de la nostalgia.

Hoy, después de un proceso de casi 5 años para sanar mi pasado, soltar desde el amor y desde el respeto la historia de mis antepasados (sin culpar a nadie y entendiendo que cada uno de los miembros de mi familia hicieron lo que pudieron con las herramientas que tenían) agradezco todo lo vivido, agradezco a mi esposo por ser ese padre para mi hija, agradezco ser consiente de mi historia y trabajar día a día para que la historia de mi vida y de la vida de mis hijos sea diferente, agradezco a la vida por tenerte aquí leyéndome, sino fuera por lo vivido, no estaría aquí.

Una introspección honesta, sincera y con el tiempo necesario es OBLIGATORIA mi Plegaria, que el amor propio y la sanación, sean tu prioridad.

Autor

Escribir un comentario